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lunes, 23 de noviembre de 2009

Una fiesta adolescente, una muerte misteriosa y una ciudad dolorida sin respuetas

Extracto de un artículo publicado por LA Times el 22/11/2009

El teléfono sonó poco después de las 8 de la mañana el Domingo del Memorial Day.Quien llamaba era un amigo de mi hijo que dijo que necesitaba hablar con él. "Es importante"

Llevé el teléfono hasta la habitación de James y le desperté.

"¿Joe?", dijo al teléfono, "¿qué Joe?"

La llamada sólo duró un par de minutos, y mi hijo levantó la mirada hacia mí, estupefacto.

Me dijo que Joe Loudon había ido a una fiesta la noche anterior que bebió algo de alcohol y que había muerto. Patrick "PJ" Gabrieli, alumno de último año de instituo y que había organizado la fiesta, estaba en la cárcel.

Joe y PJ vivía en la misma calle, uno frente a otro y sólo a dos manzanas de donde vivimos nosotros. Todos nos conocíamos bien.

Minutos después, a través de la puerta cerrada de su dormitorio, escuché a James llorar. Sus sollozos inundaron toda la casa. Mi hijo tenía 17 años, y Joe, de 16, era su amigo.

Las lágrimas no han cesado en Orinda, la pequeña ciudad en la que vivimos y en la que tres estudiantes pueden enfrentarse a diferentes cargos en relación a la muerte de Joe. El dolor que en un primer momento unió a la ciudad, luego la ha ido separando. Los vaivenes de la investigación han llevado a que mucha gente apunte con sus dedos a los acusados, convulsionado a una comunidad que se debate entre si la muerte de Joe fue un accidente o un asesinato.

Los blogs se convirtieron en foros de discusión para los adolencestes enfadados y sus padres. Muchos vieron en este hecho una caza de brujas, la necesidad de un pueblo de encontrar algo o a alguien a quien culpar de la muerte repentina de un chaval muy querido, deportista ejemplar y estudiante de matrícula, que acudía a la iglesia con frecuencia y que era respetado y admirado por compañeros, profesores y entrenadores.

Otros prefirieron cubrirse en un muro de silencio. El miedo a la ley provocó que muchos padres contratasen abogados que aconsejaban a sus hijos no hablar de asunto. Marianne Payne, madre de Joe, quería respuestas. Sostiene que los adolescentes no habían sido muy claros en contar a la policía qué ocurrió aquella noche.

(...)

La fiesta tuvo lugar el 23 de Mayo, noche en la que la madre de PJ, su padrastro y su hermana pequeña se ausentaron dejando la casa libre para él y para Ali, su hermana mayor recién llegada de la universidad, que tenía 19 años.

Los adolescentes fueron entrando y saliendo durante toda la noche. Pagaban 5 $ y se les ponía un sello de un X negra en la mano que les daba derecho a beber. La policía dijo que la bebida la había adquirido un estudiante de instituo de segundo año con un carné falso. PJ, que acababa de cumplir 18, le acompañó.

Los que asistieron a la fiesta declararon que Joe parecía estar algo bebido. Había estado en el cine y llegó a la fiesta entre las 8.30 y las 9 de la noche, según Michael Mahoney, investigador privado contratado por Payne. Los adolescentes le contaron a Mahoney que Joe bebió algo de cerveza y luego se pasó al agua. No parecía estar excesivamente borracho, y se puso a bailar varias veces.

Entre las 10.30 y las 10.45 Joe se desmayó en un pasillo, en presencia de un puñado de muchachos. PJ y Ali no estaban entre ellos. Los adolescentes le dijeron al investigador que Joe perdió la conciencia durante uno o dos minutos y que su piel se puso azulada. No parecía que respirase.

Nadie llamó al 911. Una chica realizó un masaje cardiorespiratorio y Joe reaccionó. Insistió en que se encontraba bien y caminó hasta una habitación para echarse un rato. Algunos de los muchachos presentes se comprometieron a vigilarle.

Según Mahoney, Joe estuvo sólo entre 5 y 10 minutos, espacio de tiempo en el que vomitó y aspiró sus propios vómitos. Alguien que pasó junto a la habitación notó un olor horrendo, vió a Joe envuelto en sus vómitos y gritó pidiendo ayuda.

La primera idea de los adolescentes fue llevarlo a la ducha, pero luego cambiaron de opinión y lo llevaron al pasillo. La cara de Joe estaba morada y sus labios azulados.

PJ y Ali realizaron un segundo masaje cardíaco. Ali gritó que alguien llamase al 911. La llamada se realizó a eso de las 11 de la noche, un par de minutos después de que Joe fuese encontrado en la habitación. La chica que realizó la llamada no supo precisar la dirección de la casa. El muchacho que tenía el carné falso insistía en que Joe estaba bien, según algunos testigos. Joe moría al poco de ingresar en el Walnut Creek Hospital.

Bill Loudon, padre de Joe y divorciado de Payne, recibió una llamada de su ex-mujer que no pudo atender. La siguiente llamada fue de la policía, anunciándole que su hijo mediano había fallecido como consecuencia de una intoxicación alcohólica.

Payne pasó varias horas junto al cuerpo de su hijo. En su mano derecha todavía tenía estampada una X negra.

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La iglesia católica de Santa María, a la que pertenecía Joe, PJ y mi familia, envió un mail anunciando una misa en honor a Joe a las 11 de la mañana. Mi hijo, con los ojos rojos, salió de su habitación para acudir a misa. Mi hija y yo le seguimos.

La iglesia estaba repleta. Adolescentes, muchos ni siquiera católicos, llenaban los asientos. Algunos chicos llevaban la camistea del equipo de fútbol del instituto en el que Joe jugaba.

Tras la ceremonia los muchachos se reunieron fuera. Una chica suspiraba mientras decía "Yo estuve con él, y estaba bien, estaba bien".

Mi hijo se marchó con varios de sus amigos para hablar en casa de uno de ellos. Varias horas después, incapaz de contactar con él, llamé a su novia. Habían perdido un amigo, pero estaban preocupados por otro. Habían ido a buscar a PJ.

Cuando mi hijo volvió esa noche me contó que finalmente habían dado con PJ. Estaba con otro amigo. Destrozado y sin consuelo.

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PJ estaba hecho pedazos. Garabateó el número del equipo de fútbol de Joe, el 18, con boli por sus brazos. Los estudiantes del instituto de Miramonte apoyaron a PJ y acusaron a los medios de señalarle como el responsable de la muerte de Joe.

El colegio creó un muro en memoria de Joe, donde podía escribirse notas para el muchacho. Bill, padre de Joe, había oido hablar del muro y se acercó a visitarlo. Allí encontró a PJ. Le abrazó y le dijo que fuese fuerte. "Es lo que Joe habría querido PJ". "No te culpo de la muerte de Joe". Bill se marchó y regresó más tarde con su hijo mayor. PJ seguía frente al muro.

Las televisiones acudieron al instituto y a la casa de PJ. El entrenador le pidió a mi hijo que hablase él. Miró a la cámara y afirmó que Joe no era "ni por asomo un borracho". Las constantes historias sobre Joe, alcoholismo y PJ enfurecieron a James.

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"Durante toda esta semana me he sentido abrumada por las generosas muestras de apoyo de tanta gente" dijo Payne, madre de Joe, una semana después del fallecmiento de su hijo. "Muchos me habéis dicho que os pida cualquier cosa que pueda ayudar. Pues lo que os pido, y casi os ruego, es vuestra ayuda. La policía y yo necesitamos información y respuestas sobre la muerte de Joe. A aquellos que estuvisteis en la fiesta. Es el momento de que surja la verdad y que no huyais de vuestras responsabilidades. La vida de Joe ha terminado, todos fuisteis testigos. Vuestras vidas se definirán por vuestras acciones".

Payne aseguró que muy pocos dieron un paso al frente y que la comunidad se ha puesto en su contra.

(...)

Los largamente esperados resultados de la autopsia llegaron a mitad de Junio, y fueron un impacto sobre la ciudad. La sangre de Joe contenía una suma importante de papaverina, una droga utilizada para ensanchar los vasos sanguíneos y para tratar la disfunción erectil. El nivel de alcohol en sangre era bajo, 0,03%, el equivalente a una cerveza. La conclusión es que el alcohol y la papaverina habían contribuido a su muerte. Murió ahogado en sus vómitos.

Los medios de comunicación nos sirvieron una ronda de consumo de drogas. Los rumores sobre quién podría haber drogado a Joe se dispararon. El investigador de Payne volvió a interrogar a los muchachos y la policía habló con los farmacéuticos.

Payne aseguró que su hijo no tomaba dorgas de ningún tipo. Escribió al fiscal del distrito para hacerle llegar su punto de vista sobre el asunto. Tiempo después me contó que se sintió villanizada por la comunidad por buscar la verdad. "Me he convertido en "esa madre" que debería dejar descansar en paz a su hijo".

Dos meses después la fuente de la disfunción erectil fue revelada.

El Banco de transplantes del Norte de California, que había procesado la donación de óganos de Joe, le dijo a los padres que se le había administrado esa droga como parte del proceso de recuperación de los tejidos.

Con la droga dejando de ser relevante, unos avergonzados agentes de policía se han concentrado en otras líneas de investigación. Una muestra de sangre anterior a la administración de papaverina se está estudiando y esperamos tener los resultados y poder señalar la causa de la muerte. Algún día. Joe fue incinerado y su padre cree que nunca sabremos la verdad.

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Orinda celebró el pasado fin de semana un triathlon en recuerdo de Joe. Charlie Loundon, el hermano pequeño de Joe, que tiene 13 años, venció en su categoría.

El equipo de fútbol va a retirar el número 18 con el que jugaba Joe. Sólo se le permitirá llevarlo a su hermano Charlie. Una foto de Joe cuelga en el vestuario. Los jugadores y los entrenadores la tocan antes de saltar al campo. El grito de guerra del equipo es "J-Lo", el apodo de Joe. Cada partido se lo dedican.

No he vuelto a ver a la madre de Joe desde su muerte. Nos comunicamos por mail o por teléfono. Pero mi hijo sí que se la ha cruzado un par de veces. Incluso le ha traido hasta casa después de algún entrenamiento.

Me dice que se siente feliz cuando la ve, porque por un momento siente que vuelve un poco de Joe.

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