GREEN BAY PACKERS 2010 CHAMPIONS

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viernes, 4 de diciembre de 2009

Del J&B al A&H


En 1749 Giacomo Justerini, un joven de Bolonia, se enamora perdidamente de Margarita, una cantante de ópera. Su amor le llevará a seguirla hasta Londres, hasta donde también se llevará consigo un libro de recetas de destilaciones de un tio suyo, maestro destilador. El romance de Justerini y Margarita no florece y el joven italiano toca fondo tanto anímica como económicamente. Pero el libro de recetas que se había llevado de su ciudad natal y la ayuda de amigos del teatro en el que se plamó el drama de Giacomo le sacarán a flote. Pronto sus vinos empiezan a hacerse famosos entre los londinenses, sobre todo entre las más pudientes, llegando incluso a ser de los favoritos de George III, Rey de Inglaterra.


Entre la clientela de Justerini se encontraba Alfred Brooks, un millonario de refinado gusto que deseaba impresionar a sus amigos a través de la bebida. De este modo comprará la compañía de Justerini, fundando la Justerini and Brooks, es decir, J & B, que pasará a centrarse en la fabricación de whisky. Y el resto ya es historia.


En 1999 Ron Artest empezó su andadura en la NBA en los Chicago Bulls. Artest nunca ha sido el modelo de jugador que al comisionado Stern le gusta vender. A la historia de la liga ha pasado su pelea en la grada a mamaporro limpio con un aficionado que le costó una suspensión de 73 partidos, la mayor suspensión no relacionado con drogas de la historia. Pues Artest parece empeñado en pasar a la historia sí o sí por sus conductas, digamos diferentes. Hace unos días Artest ha declarado que en sus años como jugador de Bulls le podía la presión y que en los descansos le daba por beber. Según ha dicho guardaba en su taquilla una botella de Hennessy, un cognac nada barato, y se tomaba un par de tragos entre charla táctica y masaje. De este modo, gracias a la asociación A & H, Artest & Hennessy el bueno de Ron llevaba mejor la presión. Estaba claro que Lakers este verano habían fichado una bomba de relojería. Era cuestión de tiempo que les estallase en las manos.