
Apenas quedaba medio minuto para que terminase el partido. Warner miró desesperado a su derecha, luego a su izquierda, y lanzó una bola que Fitzgerald recibió en medio campo. El tiempo expiraba y con él su última posibilidad de ganar un segundo anillo. Entonces nadie lo sabía con seguridad pero desde este Viernes sabemos con certeza que Kurt Warner no volverá a jugar a esto del fútbol americano. Al menos profesionalmente. Ese pase a Fitzgerlad fue el último pase que completó Warner en un partido de Super Bowl y con él también consiguió rebasar al mítico Joe Montana como el QB con más yardas de pase en partidos de Super Bowl, con la diferencia de que Montana jugó 4 finales y Warner 3.
Unos días antes, al terminar su final de Conferencia ante Philadelphia Eagles y ganarse el billete para Tampa para enfrentarse en la final de finales a los Pittsburgh Steelers, a pie de campo el entrevistador de la FOX se le acercó y le preguntó por el partido. “Antes de nada, y ya sé que todos sabéis lo que voy a decir en primer lugar, quiero dar gracias a Dios….”
Cualquier aficionado a la NFL en general y a Warner en particular, saben de su devoción en forma de religión cristiana. A cada éxito le acompañaba un agradecimiento al Ser Supremo, a cada rueda de prensa, le acompañaba un ejemplar de la Biblia. Así fue en sus primeras declaraciones tras ser coronado MVP de la Super Bowl en la que sus Saint Louis Rams se alzaron con el Vince Lombardi. Y así ha sido hasta en la última rueda de prensa en la que anunció su retirada.
Kurt Warner es un ferviente creyente, pero, ¿qué hay de los que creen en él? Un chico que se crió envuelto en la pobreza, que tuvo que cargar palés a 5 dólares y medio la hora, que no fue elegido por ningún equipo de la NFL en el draft, que fue obligado a emigrar durante un año a Europa para jugar en un liga de la que el 99% de los estadounidenses no sabrían nombrarte ni 2 equipos. Ese muchacho marcado por la vida que le tocó vivir, se agarró a Dios como tabla de salvación durante los momentos más desagradables de su vida. Años después serían dos ciudades las que se agarrarían a él para creer en un milagro.
Saint Louis y Phoenix tienen en común ser la sede de dos equipos de la NFL. Dos de los peores equipos de la NFL para más señas. Tienen en común que han vivido un pequeño milagro de la mano de Warner. A ambas franquicias las llevó a una Super Bowl cuando nadie daba un duro por ellos. En los Rams formó parte de una de los ataques más mortíferos que se recuerda en la liga, si no el más mortífero. Con los Cardinals cortó la segunda peor racha de años consecutivos sin ganar nada en el deporte americano, sólo superada por los Chicago Cubs (beisbol) que llevan ya un siglo sin ganar nada. Porque el campeonato de conferencia del pasado año lo consideran un título los americanos. Aquel hombre que venera a Dios es venerado como un Dios en dos ciudades.
Por todo ello no nos sorprenden las muestras de afecto que surgen desde el pasado Viernes aquí y allá. Por todo ello nos sorprende que Larry Fitzgerald, que me encanta y es el único jugador de NFL al que sigo en Twitter, no tuviera un poco más de mano izquierda y públicamente a través de su Twitter, que usa a diario, dijera algo sobre Warner. Pero la respuesta a la rueda de prensa de Warner por parte del Twitter de Fitzgerlad fue subir una foto en la que está con su padre y su hermano de vacaciones en vete a saber qué lugar paradisíaco. Eso sí, nos tiene informados de sus progresiones con el palo de golf.
Puede que el problema de Larry es que él es un chaval de ir poco a misa y de creer sólo en sí mismo. Pero estoy seguro de que hay por ahí una cantidad nada despreciables de ateos que creen en Warner.
¿Sabéis otra similitud entre Saint Louis y Phoenix? Que ambas franquicias se enfrenta a una pregunta terrible: ¿Y ahora qué? Para ellos es hora de volver a echar mano de la fe.
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